EL JAROCHO, POEMA DE 1843

POR JOSÉ MANUEL LÓPEZMORA

22 ABRIL 2024

José María Esteva

 

Ya pasado Malibrán,
Camino de Medellín,
Del Espartal al confín,
Cabalga en manco[1] alazán
Compadre Chico Crispín.

Natural del Novillero,
Tres mancos allí tenía;
Seis reses en el potrero:
Cerca de la Nevería
Hace oficio de vaquero.

Calzón de pana ajustado
Hasta media pantorrilla,
Con medios lleva abrochado:
Sombrero de medio lado,
Con espejos de toquilla.

Y un puro con tal esmero
Lleva en su boca el galano
Que, si no es tabaco habano,
Es de las vegas veguero,
Pues él no fuma villano.

A paso lento camina
En su alazano trotón,
Y a los rayos de Lucina
Que los campos ilumina,
Comienza aquesta canción:

“Churripamplí se casa
Con la torera,
Y po eso le dicen Churripamplera:
Y ejto ej tan verdá
Como ver a un borrico volá
Por loj elemento;
Churripamplí de mij pensamientos
¿Dónde te hallaré?
Y en la ejquina tomando café,
Y en la ejquina tomando café.

“Si juerej a los toroj
Cuando lo-jaya,
No motej-en la rusia
Sino en la baya.

“Y si tienej dinero
Tomaráj el asiento primero
Con grande ternura;
Y veráj al negrito Ventura,
Con su ejcarapela:
Eso sí que la pava la pela,
Eso sí que la pava la pela.”

Por una choza pasaba
Cuando su canto acabó,
Y el manco alazán paró,
Que algo de allí le gustaba
O alguno allí le llamó.

Al frente de aquella choza,
De su pequeño jardín
Flores cortaba una moza:
Jarochita que destroza
El corazón de Crispín.

Levantada la cabeza
Mostraba al andar serena
Tanto garbo y gentileza,
Que si no fuera morena
Fuera romana belleza.

Súchiles blancos y olientes
Entre su pelo tenía,
Y cocuyos que cogía,
En su cabeza, lucientes,
Con alfileres prendía.

Con su camisa de olán
Y con su celeste enagua,
Se fue acercando el galán,
Que montado en su alazán
Tenía por pecho una fragua.

Y el galán que así lo vio
Hasta la cerca acercarse,
Con ternura suspiró,
Hizo el sombrero ladearse,
Y así amoroso la habló:

“Oigajté ña Sacramenta,
Le diré ajté mi pasión,
Y si uté ej crijtiana atenta,
Tiene uté aquí un corazón
Que con naa… se amedrenta.

“Soy cojtante en el querer,
Y en el amar dadivoso,
Si uté no lo quiere crer
Lo dirá ñor Sinforoso,
Que fue el que me lo hizo… ver.

“Mi dinero no dejmembra;
Y si en gajtarlo me pulo,
Pueo darle un cachirulo
Como el que tiene la jembra
Mujer de ñor Cleto… Angulo.

“Unaj naguaj le daré,
Y una banda de burato,
Y prendaj te compraré,
Que en amar no soy barato
Cuando se me ama… con fe.

“Y iremos a Meellín
Montando uté un güen andante,
Y si hay algún amgulante
Que ofenda allí a ñor Crispín…
Sé manejar mi cortante.”

Crispín acabó de hablar,
La moza su rostro esconde,
Y después de suspirar
Con dulce y tierno mirar,
Así al galán le responde:

“Ese amor que uté me jura
No pueo ejcucharlo, no;
Puej que me ama ñor Ventura
Y ejtoy de su amor sigura,
Y soy muy cojtante yo.

“El ej-jombre muy celano:
Tal vej ya pronto vendrá;
Camine alante crijtiano,
Que si noj ve mano a mano
Jablando… se enojará.”

“Querido ángel humanal
De dir no me tengo, no:
Yo soy jombre muy cabal
Y que venga mi rival
Que aquí verá… quién soy yo.”

En esto estaban los dos,
Cuando al oír de Ventura
La seca robusta tos,
Na Sacramenta se apura
Y el galán le dice “¡adiój!”

Y luego, de mal talante,
Mudando el color Crispín,
Sala el moruno cortante
Y… arrienda a su flaco andante
Camino de Medellín.

Septiembre de 1843

[1] Nombre que dan los jarochos a sus caballos.

Tratando de ejercitar —desde la ociosidad— la comprensión de un poema, terminé interesado en compartirles lo entendido sin caer en presunciones analíticas ni críticas. Pero en fin, espero no aburrirles y sí interesarles.

 

En el volumen I de VERACRUZ DOS SIGLOS DE POESÍA[i] se publicó algunos poemas de José Ma. Esteva[ii]. El que elegí al azar en esos instantes de ocio (como si fuera una cábala) fue “El jarocho”. He de confesar que, siendo natural de Veracruz, no me identifico auditivamente con ese término cuando lo percibo. Y miren que durante algunos de mis años mozos, le di al zapateado pues. Continuando, la imagen siempre me ha sido la de una persona despreocupada en su hablar, desde su pronunciación o acento hasta su articulación fonética. Es decir, el jarocho, denota una despreocupación propia como un descuido en la formación oral. Sí, es muy seguro que el jarocho no sólo sea el que se arraigó a las afueras de la ciudad colonial Veracruzana circundada por la muralla, sino hasta más allá de los humedales y médanos costeros. El jarocho es el habitante de los parajes donde crecen las jaras y mayormente descendientes de los africanos ya en mestizaje con nativos naturales totonacos y uno que otro peninsular desterrado de intramuros. Bueno, así es como asimilé ese concepto de jarocho cuando fui pequeño. Quizá por haber nacido a “extramuros” es que me toca esa categoría: jarocho.

El poema El Jarocho de José Ma. Esteva es un poema de arte menor por los versos heptasílabos y octosílabos mayormente; métrica que favorecen a la forma o tradición de la canción popular del son jarocho; agrupados en quintetas y en décimas. El poema cuenta la historia de un jarocho que se fija en una jarocha comprometida a alguien ya. Pero también contiene una “canción“ como preámbulo a esa conversación y que luego, atrevidamente, el personaje la aborda para cortejarla (persuadiéndola con su lenguaje descuidado y burdo pero amable) presentándose como tal es y su interés por ella. Como historia común, hay un narrador testigo; por lo que complementa pues el diálogo entre esta pareja de jarochos sin dejar de sorprender la presencia del comprometido con tan solo una expresión verbal. Es decir, el poema narra una petulante o jactanciosa actitud —como suele ser el jarocho ante las mujeres— aunque sea advertido por la mujer de su compromiso mientras no aparezca el osado pretendiente y de reclamos, tratando de sostener su interés. Este poema es una anécdota rápida a manera de chiste; aunque sí es un asunto tradicional masculino el que algunos varones anden “curioseando” con la mujer comprometida. Finalmente, el autor José Ma. Esteva resuelve este encuentro escribiendo sin métrica precisa los diálogos de los dos personajes a través de la citación (por el recurso de las comillas) para darle mayor realce a la situación de manera lírica y por la expresión popular.

En el contexto de su publicación, este poema expresa el dato de haber sido publicado en septiembre de 1843. La ciudad de Veracruz está por expandirse, y aún se nombran parajes como Malibrán, Novillero, Medellín… y algunas palabras propias de la cotidianeidad rústica.

Espero que les guste el poema. Siento que no es tan difícil de comprender esa popularidad de la época, esa fonética de los jarochos, la abundancia de referentes locales que los actuales jarochos notarían con sorpresa que la característica de coquetear es una herencia cultural-tradicional, aunque quizá un poco más irreverente y atrevida (penosamente normalizada) gracias al libertinaje a través del lenguaje en la actualidad. También les comparto esta liga  https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/quienes-son-los-jarochos para complementar con información relevante.

 

¡Nos vemos pronto!

Contacto: josemanuel@revistus.com

[i] Hernández Palacio Esther y Ángel José Fernandez: VERACRUZ DOS SIGLOS DE POESÍA (XIX Y XX) Vol. 1; Edit. CONACULTA. México, 1991. Pag. 172 a 176.

[ii] Político, conservador. Sirvió a Santa Anna y también a Maximiliano. Fue exiliado a La Habana donde aprovecho a escribir y al regreso vivió en Xalapa, y se dedicó a la literatura. Fue director del Colegio Preparatorio de Xalapa. Escribió novelas, una obra de teatro y tres volómenes de poesía. (Extracto de la publicación de los antologadores Hdz Palacios y Fernández); pag. 51y 52.

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